Vivimos rodeados de juguetes diseñados para secuestrar la atención de los bebés mediante luces intermitentes y sonidos estridentes. Sin embargo, la pedagogía Montessori nos enseña que el desarrollo cognitivo florece mejor cuando el material permite al niño ser el verdadero protagonista de la acción en lugar de un mero espectador.
La riqueza de las texturas reales
Un juguete de plástico genérico siempre se siente frío, ligero y plano al tacto, transmitiendo escasa información útil al cerebro del lactante. En cambio, los materiales nobles como la madera de haya, el fieltro de lana pura, el metal templado o el mimbre poseen un peso, una temperatura y una textura que cambian con el uso.
Ofrecer una cesta de tesoros cotidianos con diferentes pesos y texturas estimula el tacto de una manera infinitamente más rica que cualquier dispositivo electrónico con pilas.
Juguetes que no hacen nada por sí solos
Si un objeto realiza todo el espectáculo pulsando un botón, el bebé adopta un rol pasivo ante una tecnología que no comprende. Al elegir materiales abiertos y sencillos, es el niño quien debe idear la forma de interactuar, mover, apilar y descubrir la relación causa y efecto a su propio ritmo.
